El porvenir urbanístico del Centro de Villavicencio

El sol cae sobre el polideportivo número 57 que la Administración Municipal de Villavicencio remodeló en el barrio Catumare, una nueva coordenada de recreación que el alcalde Alexander Baquero Sanabria entregó a la comunidad.

Entre el bullicio de los jóvenes y el eco de los balones, el ambiente comunitario se transforma rápidamente en un escenario de debate público.

Los periodistas nos agrupamos a su alrededor; la entrega de la obra es el punto de partida, pero el verdadero interés de la jornada discurre por las transformaciones, tensiones y el porvenir urbanístico del Centro de Villavicencio.

El ciclo de la 35

La conversación se traslada de inmediato al corazón de la ciudad. La intervención en la calle 35 ha levantado tantas expectativas como fricciones ambientales.

Baquero defiende las obras desde la visión técnica, protección al ciudadano y la gestión del riesgo, argumentando que la modernización exige reconocer el fin del ciclo vital del entorno natural.

El mandatario señala que el arbolado antiguo, enfermo y desgastado por los años, representa un peligro inminente para los ciudadanos, por eso la evidencia de ello fue la caída reciente de unas grandes ramas que afectaron a dos vehículos.

La decisión de sustituir estas especies no obedece a un capricho estético, sino al dictamen de ingenieros forestales, agroforestales y ambientales, avalado por Cormacarena como máxima autoridad ambiental.

Para ordenar esta transición ecológica y de infraestructura, la administración se apoya en el nuevo Plan de Ornato, cómo instrumento administrativo y consultivo, que busca determinar con precisión científica qué especies deben poblar los separadores viales, dejando atrás la siembra empírica del pasado.

Dibujar la nueva urbe

La intervención en la calle 35 se proyecta como una reforma estructural bajo el modelo de urbanismo inclusivo.

Los datos ofrecidos por el mandatario sintetizan una obra que va más allá de la superficie: contempla la renovación total de las redes de acueducto y alcantarillado (pluvial y sanitario), nueva malla vial, señalización y un sistema de alumbrado público fotovoltaico con paneles solares.

«Es el tránsito de “pueblo” hacia una ciudad moderna y accesible para personas con discapacidad».

Promesas sin prórroga

El escepticismo histórico de la ciudadanía frente a la obra pública —condicionado por la memoria de los proyectos inconclusos o «elefantes blancos»— es un límite que el alcalde busca romper mediante la fijación de plazos estrictos.

En sus declaraciones, Baquero asume el compromiso político de entregar el puente de Villa Julia el próximo 20 de julio, asegurando que la obra avanzará sin adiciones financieras, prórrogas ni suspensiones.

Este circuito de renovación urbana se extiende hacia otros puntos emblemáticos del Centro. En el Parque del Hacha, el proyecto original sumó una adición presupuestal para sustituir por completo las viejas casetas de los vendedores informales, argumentando que la estética de la renovación debe ser integral.

En la Plazoleta de los Centauros ya se ejecutan pruebas de modernización de luminarias y reparación de pisos deteriorados.

El esquema de transformación se completará, según la proyección oficial, con la dotación del Centro Cultural —obra heredada del gobierno anterior— y un futuro proyecto de recuperación y descontaminación de la ronda hídrica del caño Gramalote, cerrando así un anillo asfáltico, ambiental y comercial que pretende redefinir la identidad del centro de la capital del Meta.

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Edgar Alfonso Aroca Campo

Periodista

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